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domingo, 22 de diciembre de 2013

Biografía: Don Ahmed, corriendo a los 84 años


Nombre la carrera que quiera y don Ahmed la ha corrido este año. Con metro cincuenta de estatura, 43 kilos de peso y 84 años a cuestas este gran atleta no se pierde carrera los fines de semana, promedia unos 50 minutos en 10k y corre maratones y medias maratones.



Don Ahmed al Salam al Fassi nació en la lejana Jordania allá por los 1920s, llegó a Costa Rica cuando tenía 10 años y desde entonces se enamoró del país, especialmente de su clima. Para que lo ponga en perspectiva, él vio nacer la Universidad de Costa Rica y vivió en su plena juventud la guerra del ’48.

Con tantos años acumulados hoy vive su mejor momento deportivo, corre más que nunca y se mantiene en excelente forma física. En un inicio fue aviador, fisicoculturista y hasta campeón centroamericano en levantamiento de pesas. Pero cuando llegó a sus 40 años se casó con el atletismo para siempre.

Como profesor de Educación Física, tuvo que acompañar a sus muchachos a llevar la antorcha de la Independecia un 15 de setiembre, y entre tanta corredera se dio cuenta de que tenía bastante resistencia. Luego conoció al legendario Rafael Ángel Pérez, quien lo invitó a participar en carreras y ni para qué se lo dijo. Un día se topó una competencia de 5k en La Sabana que lo inauguró como corredor, y para no hacer el cuento largo, 44 años después don Ahmed está corriendo más que nunca, maratones, medias maratones y cada carrera que se encuentre, que ahora son muchas.

Hoy, a sus 84 años, calcula que ha corrido más de mil carreras, entre ellas cinco maratones y muchas medias maratones. “Este año he corrido casi todos los fines de semana, incluso dos carreras en un mismo fin de semana y no terminé golpeado, porque yo entreno más distancia de la que corro en las carreras”, cuenta don Ahmed, con aire de treintañero.

Cuando inició con las carreras rompió algunos récords centroamericanos máster en 5k y 10k. Participó varias veces en la famosa media maratón San Juan y llegó a cronometrar 1:06:00 en dicha prueba. Hoy correr es parte fundamental de su vida, tanto física como mentalmente. “Lo mejor de correr es que uno en general siente como un descanso, las cosas que le molestan en el organismo se recuperan, el cuerpo trabaja mejor, uno duerme mejor”, opina el octogenario atleta, y agrega que correr “me ha dado mucha salud, yo tengo buena agilidad, no estoy tieso como les pasa a los de mi edad”.

 
Entrena todos los días y corre carreras todos los fines de semana. Medias maratones cada tanto. Corrió la de la inauguración del Estadio Nacional, la del Reto Powerade y quiere correr la maratón completa ahora en diciembre. Cuando entrena, dice, “no llevo reloj ni nada, yo entreno con el reloj biológico, si veo que el cuerpo está como cansado ese día no hago más”. Sabiduría se llama eso, saber escuchar al cuerpo. Para cerrar teníamos que preguntarle: don Ahmed, ¿y hasta cuándo piensa seguir corriendo usted? La respuesta no podía ser otra para un fiebre tan fiebre: “pienso seguir corriendo hasta que Dios me dé vida”. Amén.
 
Fuente: abuenpaso.cr
 

jueves, 3 de octubre de 2013

Leyendas del deporte: Wilson Kipsang Kiprotich

Wilson Kipsang Kiprotich, policía por accidente

El atleta que volaba con zapatos de cuero

En 2003 venció sin entrenamiento un 5K de unas pruebas policiales

10 años más tarde, bate el récord del mundo de maratón en Berlín





Una historia rocambolesca desemboca en un récord del mundo. Hace 10 años, Wilson Kipsang Kipotrich (Keiyo, 1982) se coló, sin entrenamiento alguno, en unas pruebas policiales que se celebraban en su ciudad.

"Era una carrera de 5 kilómetros y yo no tenía reloj ni zapatillas de correr ni nada, iba con zapatos de cuero", reconocía el keniano, antes de su victoria en el Medio Maratón de Nueva York del pasado marzo, en una entrevista recogida por Letsrun.com. "Gané esa prueba de selección y me ofrecieron representar a la Policía en otras competiciones".

Así comenzó el idilio de Wilson Kipsang con el atletismo, un deporte que se le había dado bien en el colegio, pero que luego abandonó para dedicarse "a la familia y a pequeños negocios". Sus amigos siempre habían tratado de convencerlo para que corriese, pero tuvo que venir aquella prueba de selección policial a la puerta de su casa para obrar este auténtico milagro deportivo.
 

De Frankfurt 2011 a Londres 2012
 

Wilson Kipsang saltó a la fama atlética para el gran público el 30 de octubre de 2011 en el Maratón de Frankfurt. Un año después de su debut en la ciudad alemana, el keniano firmó un registro estratosférico, 2h03:42, quedándose a tan sólo cuatro segundos del récord del mundo de su compatriota Patrick Makau. Un año más tarde, su aventura olímpica en Londres 2012 finalizaría en bronce tras un ataque kamikaze en los primeros kilómetros de la prueba, una maniobra que enterró su sueño de ser campeón olímpico.

En su calendario de 2013, el atleta tenía marcado en rojo el Maratón de Berlín, tierra de conquistadores. Y la magia de la ciudad alemana surtió efecto. Tras el etíope Haile Gebrselassie y el citado Makau, Wilson Kipsang es el siguiente en tocar el cielo en el asfalto berlinés. Su exhibición sobrenatural en los últimos kilómetros fija la nueva plusmarca mundial en 2h03:23. El eterno Valle del Rift ha elegido a su nuevo rey, el mismo hombre que en 2003 volaba con zapatos de cuero.



Fuente:

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miércoles, 1 de mayo de 2013

Leyendas del deporte: Jesse Owens


Leyendas del deporte: Jesse Owens
 
(James Cleveland; Decatur, Alabama, 1913 - Tucson, Arizona, 1980) Atleta norteamericano. Jesse Owens brilló en la atmósfera racista de los Juegos de Berlín de 1936, donde realizó una exhibición tan espectacular que durante unos pocos días el mundo se olvidó que seguía ardiendo el conflicto político que estallaría en la Segunda Guerra Mundial. Owens ganó cuatro medallas de oro, batió dos records mundiales y otro olímpico.

Hijo de una numerosa familia de labradores, mientras realizaba sus estudios primarios, trabajó como vendedor de periódicos, empleado de una gasolinera y recadista. A principios de la década de 1920, la familia Owens se unió a la gran emigración negra hacia el norte, afincándose en Cleveland.

Su profesor de gimnasia en la escuela, Charles Riley, se sintió atraído por el joven, a quien traía el desayuno e invitaba a almorzar a su casa además de enseñarle a correr. En la secundaria, Jesse ganó 74 de las 79 carreras en las que compitió, batiendo el récord nacional de salto de longitud. Se matriculó en la Universidad Estatal de Ohio, donde obtuvo un empleo a tiempo completo mientras practicaba atletismo.

Realizó su primera proeza en Michigan, en 1935, batiendo cinco records mundiales e igualando otro en menos de 90 minutos: corrió las 100 yardas en 9 min. 4 seg.; saltó 8,13 m de longitud, récord que tardó 25 años en ser superado, y corrió las 220 yardas lisas en 20 min., 3 seg. y las 220 yardas vallas en 22 min. 6 seg. Desde ese día se le conoció como el Antílope de Ébano.

En 1936, en Chicago, batió el récord mundial de 100 m con 10 seg. 2 cent. Participó en los Juegos Olímpicos de Berlín, en los que consiguió cuatro medallas de oro en 100 y 200 m, salto longitud y relevos 4 x 100 m.

Una vez terminados los Juegos Olímpicos, el equipo de Estados Unidos inició una gira por Europa, en la que Jesse se negó a participar. Quería volver a su hogar. Esta actitud le valió ser suspendido de las filas amateurs, y que se le negara el Premio Sullivan como amateur más destacado de EE.UU. en 1936, que recayó en el decatlonista Glenn Morris.

Retirado de las pistas, hizo incursiones sin éxito en el mundo de los negocios, perdiendo su fortuna y cayendo en el anonimato, hasta que el gobierno de Estados Unidos le designó embajador de buena voluntad. Jesse volvió a florecer como orador público capaz de despertar las emociones de sus oyentes, hablando ante convenciones de negocios, grupos juveniles y organizaciones cívicas. Falleció en 1980, víctima del cáncer de pulmón. Sus hazañas son recordadas en la magnífica película que rodó Leni Riefenstahl de los Juegos de 1936.
 

viernes, 22 de marzo de 2013

Leyendas del deporte: Spiros Louis


Spiros Louis, un aguador que encendió los Juegos

 Un pastor de 24 años se convirtió en el ganador del primer maratón olímpico en Atenas 1896

En Grecia aún se utiliza una expresión («Yinome Louis») para explicar lo que es salir pitando. Pero el legado de Spiridon Louis es de mucho más calado, crucial para el impulso de los Juegos Olímpicos. El júbilo que desató su triunfo en Atenas, en 1896, los primeros Juegos de la era moderna, fue de tal magnitud que contagió incluso a los extranjeros, dando sentido, al fin, a una competición tan global. Spiros rescató el orgullo patrio en el momento oportuno. Grecia no encontraba un campeón en atletismo y hasta en una prueba tan griega como el lanzamiento de disco, el estadounidense Garrett derrotó a Paraskevopoulos, su representante.

Pero quedaba el maratón, incorporado gracias a la propuesta de un amigo del Barón de Coubertain, y ahí los helenos apostaron fuerte. Antes de los Juegos realizaron dos pruebas de selección. En la segunda, dominada por Lavrentis (tres horas y once minutos), corrió un chico que destacó como deportista durante el servicio militar, entre 1893 y 1895 y que, fue animado por su coronel, Papadiamantopoulos, para que participara. Concluyó en quinta posición. Aquel chico, un pastor que llevaba agua a pie de Marousi -entonces un pueblo, hoy un barrio- a Atenas, tomó finalmente la salida del maratón olímpico (42 kilómetros) el 10 de abril.

La carrera enfrentó a trece griegos contra cuatro extranjeros: un inglés, un australiano, un francés y un húngaro. Lo sucedido durante las tres horas después de que Papadiamantopoulos diera la salida a las dos de la tarde mezcla la realidad con la leyenda y hoy, 116 años después, no es fácil diferenciarlo. Una certeza es que el francés Lermusiaoux comenzó liderando la prueba. El galo arrancó ligero, veloz, pero acabó pagándolo en el kilómetro 32, cuando, ya exhausto, fue embestido por una bicicleta y abandonó. Tomó el mando el australiano Edwin Flack, un portento que ya había ganado las finales de 800 (2:11.0) y 1.500 (4:32.2). Flack corría con seguridad y un mensajero anunció en el estadio Panathinaikos que iba a ser el vencedor.

El público enmudeció. El maratón, un símbolo nacional, tampoco iba a premiarles. Mientras, Spiros, más prudente que sus rivales, a su ritmo, se detuvo en una taberna de Pikermi, se tomó una copa de vino y dijo que él iba a ser el campeón. A menos de 10 kilómetros de la meta, Spiros, calzado rudimentario, pantalones por las rodillas, había dado caza a todos sus contrincantes y adelantó a Flack, quien aún resistió tras él cuatro kilómetros más. Pero Spiros era el elegido y su ritmo acabó con el australiano, quien terminó tambaleándose y cayendo al suelo. El griego se quedó solo en cabeza y corría decidido hacia el estadio, a donde ya había llegado Papadiamantopoulos, a caballo, para anunciar el triunfo de un compatriota.

Las 100.000 personas que había entre el estadio y la calle enloquecieron. La entrada de Spiros en la pista fue el momento culminante de aquellos Juegos. Al grito atronador de «¡Hellene, Hellene!» el joven atleta de 24 años dio la vuelta al anillo escoltado por el príncipe Konstantinos y su hermano Giorgios. Spiros cruzó la meta triunfal en 2:58.50. La exaltación griega se elevó al máximo cuando Charilaos Vasilakos entró segundo siete minutos después y Spiridon Belokas lo hizo a continuación, aunque éste fue descalificado cuando el húngaro Gyula Kellner demostró que lo había adelantado en un carruaje.

El avituallamiento de Spiros pondría los pelos de punta a los eruditos del maratón en la actualidad. El pastor de Marousi bebió durante la carrera vino, leche, cerveza y zumo de naranja, y hasta se comió un huevo de Pascua. El día de la clausura fue coronado con unas ramitas de olivo y le colgaron una medalla de plata. El Rey, como el genio de la lámpara, le concedió un deseo, y el aguador solicitó un carro y un asno para transportar el agua de Marousi a Atenas. Nunca más volvió a competir. Y poco más se supo de él. Hasta que en los Juegos de Berlín, en 1936, fue recibido por Adolf Hitler. Aquel día, como en la recepción ante el Rey de Grecia, volvió a vestir el traje regional.

 

FERNANDO MIÑANA

Tomado de:
abc.es